Eran las 10 de la noche de un martes común, venia con mi esposa del trabajo, todo el recorrido que hacemos de donde nos deja el camión a la casa transcurría normal, pero al llegar a la esquina, bajo la luz de la lampara del alumbrado publico, pudimos ver a dos mujeres con vestido de novia, manga corta y largo, no era blanco, era de color hueso, se notaba algo desgastado y sucio, una era joven, como de 20 o 25 años, delgada, de tez morena, 1.65m aproximadamente de estatura, la otra era una mujer ya madura, gorda, tez morena, calculo 1.55m de estatura, ambas con un reboso a la cintura y bailando algo que parecía el baile de los viejitos, pero tenían otro acompañante, un joven de tez morena, 1.70 de estatura aproximadamente, llevaba pantalón de vestir, camisa de manga corta, cabello corto, el lucia inerte, como hipnotizado, todos tenían el cabello maltratado y no puse atención a sus facciones.
Debo admitir que me dio temor al verlos, pensé que se trataba de asaltantes o maniáticos, pues no se trataba de vecinos, eran desconocidos, seguimos nuestro camino, no hicimos ningún comentario al respecto. llegamos a la casa, dejamos nuestras cosas, a mi esposa se le antojo un refresco, decidimos salir a la tienda, la cual se encuentra cerca del lugar donde vimos a estas persona, lo que paso después, es algo que recuerdo y se me vuelve a erizar la piel.
salimos de la casa, vimos que venían estas tres personas a nuestro encuentro, esta vez me dio mucho miedo, en especial de ser asaltado, poco a poco nos cruzamos en el camino, pero ahora ellas llevaban la cabeza cubierta con el rebozo, sus cabezas giraron para vernos, ¡oh sorpresa! no tenían rostro, aun así sus rostros quedaban en posición como si nos miraran retadoramente, el tiempo se hizo eterno, quizás quedamos paralizados, hasta que comenzamos a caminar, no supimos que hacer, ellas y nosotros seguimos nuestros caminos, del miedo no pudimos hablar, hasta que le dije a mi esposa: ¿que fue eso? ¿no tenían rostro? no, no tenían y se me erizo la piel, respondió ella, me gano la curiosidad y pude voltear un par de veces, mi esposa me decía que no volteara, pude ver que dieron la vuelta en la esquina, esa calle lleva directo a la iglesia, pocos segundos después escuchamos un lamento desgarrador.

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